La de un libro puede ser, a la vez, la historia de una institución, de una comunidad académica y de una persistencia colectiva. Algo de eso sucede con “Historia, historiador, historiografía en Tucumán (1850-1950)”, la obra póstuma de Ramón Leoni Pinto que acaba de ser publicada en forma conjunta por el Instituto Superior de Estudios Sociales (Ises, Conicet-UNT) y la Editorial de la Universidad Nacional de Tucumán (Edunt).
El trabajo permaneció inédito durante largo tiempo. Hallado entre los materiales que integraron la biblioteca personal de Leoni Pinto (1935-1998), demandó años de reconstrucción, edición y revisión hasta convertirse finalmente en este libro que recupera un trabajo de enorme valor para los estudios históricos tucumanos. Y en paralelo, vuelve a poner en escena la figura de un intelectual muy importante para la cultura del NOA de la segunda mitad del siglo XX.
Para Fernando Longhi, director del Ises, la publicación tiene además una carga simbólica especial. “Los vínculos con los libros de Leoni Pinto están atravesados por el inicio del Ises -explica-. El Instituto, que hoy tiene 18 años, surgió con la donación de esa biblioteca luego del fallecimiento de Ramón. Entre los materiales había una colección muy rica en historiografía tucumana y regional, con libros, revistas, documentos, folletos y recortes periodísticos. Allí también estaba este libro inconcluso”.
Presentan un libro de altísimo valor para la historia de TucumánSegún Longhi, el manuscrito condensaba las principales preocupaciones intelectuales del historiador, pero la decisión de publicarlo no fue inmediata ni sencilla. El texto presentaba distintos grados de avance, abundantes anotaciones y requería un importante trabajo editorial. No obstante, el proyecto se sostuvo durante años por distintas conducciones del Ises.
“Una de las cosas que más satisfacción me produce es que el libro es fruto de una visión institucional atravesada por distintas gestiones. Hubo al menos tres direcciones del Instituto que vieron la necesidad de editarlo y trabajaron para que finalmente viera la luz -destaca Longhi-. Me toca presentarlo, pero no podría atribuirme ningún mérito que no corresponda también a las gestiones anteriores. Eso demuestra que las políticas institucionales pueden sostenerse más allá de quienes circunstancialmente las conducen”.
La tarea de convertir aquel manuscrito en una publicación demandó una ardua labor especializada. Patricia Fernández Murga y Victoria Cohen Imach se encargaron de asumir esa responsabilidad. “El libro se encontró inconcluso, con muchas anotaciones, con capítulos más terminados y otros que requerían una intervención editorial más profunda -recuerda Longhi-. Entre cuatro y cinco años llevó la tarea de corrección, de completar ideas y de mejorar la redacción, siempre con el máximo cuidado para preservar la voz del autor”.
Recordando a Leoni Pinto“En algún momento desesperábamos con la cantidad de notas al pie -admite Longhi entre sonrisas-. Notas que remitían a otras notas, a nuevas referencias bibliográficas y así sucesivamente. Era una cadena permanente de conexiones. Es un libro muy erudito, muy inteligente, muy intenso en su capacidad de lectura y de cita”. La magnitud del trabajo queda reflejada en un dato elocuente: cerca de 150 páginas corresponden exclusivamente a bibliografía.
El proceso incluyó cuestiones legales vinculadas a los derechos de autor y la sucesión de la obra. “La familia acompañó todo desde el primer momento”, subraya Longhi.
Para el análisis
Leandro Lichtmajer, Doctor en Historia e investigador del Conicet, considera que la recuperación del libro permite redescubrir la trayectoria de su autor. Un tucumano por adopción, ya que había nacido en Santiago del Estero y se trasladó para estudiar en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNT. Tras graduarse como profesor de Historia, Leoni Pinto desarrolló una extensa carrera académica y docente. Trabajó en el archivo de LA GACETA, fue designado miembro de la Academia Nacional de la Historia en 1985 y obtuvo su Doctorado en 1995. “Esto corresponde a una generación para la cual el Doctorado era un punto de llegada y no un punto de partida, como suele ocurrir hoy”, observa Lichtmajer.
“Él se caracterizaba por una gran generosidad como docente, por un trato muy ameno y amable. Era una persona profundamente erudita y, al mismo tiempo, muy cercana”, apunta Lichtmajer, quien no llegó a ser su discípulo, pero escuchó infinidad de anécdotas sobre Leoni Pinto. “Fue un profesor muy importante, un pionero en las investigaciones sobre la región del Noroeste y un intelectual comprometido con su medio”, resume.
“Este es un libro muy importante para entender el pensamiento sobre Tucumán, sobre lo tucumano y sobre la región -sostiene Lichtmajer-. Por supuesto que su primer interés es historiográfico, pero va mucho más allá de eso”.
A 10 años de su deceso, evocan al historiador Leoni PintoLa investigación reconstruye el pensamiento de intelectuales que reflexionaron sobre la provincia y su pasado. Para ello, Leoni Pinto recurrió al concepto de generaciones elaborado por José Ortega y Gasset. En ese recorrido aparecen figuras centrales de la cultura provincial y nacional, desde Juan Bautista Alberdi y Nicolás Avellaneda hasta Paul Groussac, Adán Quiroga, Ricardo Jaimes Freyre, Juan B. Terán y Ernesto Padilla, entre muchos otros.
“Lo interesante es que propone categorías y formas de pensar que no siempre habían sido organizadas de ese modo. Ahí radica parte de la originalidad de la obra”, señala el historiador. Otro de los ejes centrales es la industria azucarera, entendida como una clave indispensable para comprender la evolución histórica de Tucumán desde el siglo XIX.
Asimismo, Lichtmajer destaca una perspectiva que considera especialmente innovadora: la mirada regional. “María Celia Bravo lo señala en el prólogo -indica-. Ramón fue uno de quienes contribuyeron a pensar la región como una escala de análisis propia. Se apartó de una historia tradicional centrada exclusivamente en los relatos nacionales y otorgó protagonismo a las dinámicas provinciales y regionales”. Esa perspectiva abrió un camino que sería profundizado por numerosas investigaciones posteriores.
Presentan un libro de Ramón Leoni PintoLichtmajer encuentra además en el libro una característica que refleja la personalidad de su autor: “en muchas notas al pie y pasajes de la obra reconoce intercambios con estudiantes y colegas. Va registrando esos diálogos y reconociendo aportes ajenos. Eso habla de Ramón como un investigador muy generoso”.
Publicar en plena crisis
La aparición del libro se produce en un contexto complejo para el sistema científico. Tanto Longhi como Lichtmajer consideran que esa circunstancia vuelve aún más significativa la publicación.
“Con todas las cachetadas que reciben diariamente el ámbito universitario y el Conicet, seguir produciendo conocimiento tiene un valor enorme”, afirma Longhi. El investigador remarca que el Conicet continúa siendo una de las instituciones científicas más reconocidas del país a nivel internacional, pero advierte que sus problemas trascienden la cuestión presupuestaria. “No se trata solamente de salarios devaluados o de financiamiento insuficiente -recalcó-. También existe un cuestionamiento permanente a la utilidad de las ciencias sociales”.
“No hay nación que haya alcanzado altos niveles de desarrollo sin apostar a la ciencia -añade-. Y dentro de esa apuesta, las ciencias sociales han sido fundamentales para comprender las sociedades y proyectar sus transformaciones futuras”. Su diagnóstico es contundente: “la ciencia argentina está al borde del colapso y no es una exageración”.
Aun así, destaca la capacidad de resistencia de las instituciones académicas. “Tratamos de cumplir con los compromisos que asumimos -dice Longhi-. Este libro es uno de ellos. En contextos tan adversos aparecen también estas realizaciones que vale la pena destacar”.
Lichtmajer coincide en que la situación actual no puede explicarse únicamente por razones económicas. “Pienso que en el ataque a las ciencias sociales no hay una cuestión meramente presupuestaria. Es claramente una cuestión ideológica”, sostiene.
Desde su perspectiva, disciplinas como la historia cumplen una función esencial para cualquier sociedad democrática, porque permiten pensar las transformaciones de la sociedad a través del tiempo. También ayudan a poner en perspectiva ciertas afirmaciones que surgen desde el poder político o desde los discursos oficiales.
La historia, explica, participa de manera inevitable en las disputas sobre el pasado y en la construcción de las identidades colectivas. En ese sentido, considera que la publicación de “Historia, historiador, historiografía en Tucumán (1850-1950)” adquiere una relevancia que excede los círculos académicos.
“Al recuperar pensadores que son parte estructurante de nuestra identidad provincial, aquellas personas que dieron nombre a nuestras calles, avenidas e instituciones, y que incluso fueron fundadores de nuestra universidad, el aporte es central para todos aquellos que quieran comprender ese pasado -analiza Lichtmajer- Para que ese conocimiento llegue a la sociedad tiene que mantenerse vivo, dinámico y colectivo. Este libro es una muestra de que eso sigue siendo posible”.